Familias Lésbicas


Familias Lésbicas es el primer proyecto que hice como fotógrafa y pude hacerlo gracias a que en esa época, en el 2009, muchas de mis amigas estaban en pareja y formando su propias familias con hijos.

Mi objetivo fue mostrar a otras familias como un ejemplo del complejo caleidoscopio familiar que existe en México, en el cual el modelo tradicional se ve rebasado cada vez más por otras formas de ver y vivir la vida.

En este proyecto quise incluir testimonios sobre la forma en que viven su maternidad como mujeres lesbianas, pues han concebido sus proyectos de vida de forma distinta cada una, pero todas coinciden en la manera en que viven y construyen cotidianamente su estructura familiar. El amor, el respeto, la comunicación, la honestidad, la valentía y la felicidad que proyectan es lo que quise mostrar en estas imágenes.

Retrato de una familia lésbica
Retrato de una familia lésbica
Retrato de una familia lésbica
Retrato de una familia lésbica

Fedia y Lety


Un buen día, el maestro dijo: ¿Quién es esa otra mujer que dibujas en tu familia? El niño de siete años dijo sonriendo, un poco pícaro y otro tanto inocente: “Es mi otra mamá”.
-¿Entonces tú tienes dos mamás?
-¡Si!
-Pues tu dibujo está mal entonces, debiste dibujar a tu familia y eso no es una familia.

Ese día don pequeño regresó triste a casa y esperó a que llegaran de trabajar las mamás en la noche: “El maestro me dijo que no somos una familia porque no hay papá y mamá y tachó mi dibujo”. Muchas ideas, muchas palabras saltaron a consolarlo, a apoyarlo: Él, como suele hacer cuando algo es importante y lo piensa largamente, de pronto interrumpió:

-“Nosotros somos mejores: No necesitamos parecernos todos al mismo dibujo que hizo otra persona, ni hacerles caso de que nuestro cariño es malo o que debemos separarnos solo porque quieren ser necios y aunque no nos presten su nombre de “Familia” para las tareas, sí somos una familia y somos más: ¡Somos La Tribu Chimi-Chimi! y los Chimi Chimi sabemos que podemos querernos muchísimo y que querernos no está mal”.

Sin más palabras, porque él las dijo todas, inauguramos la tribu con un abrazo de tres y el letrero que don pequeñín colgó en la cocina: “Bienvenidos a la Tribu Chimi Chimi”, dibujó en sonrisas una familia para la escuela de nuestras más queridas memorias.

– Fedia Apodaca

Retrato de una familia lésbica

Ana y Cris


Ser lesbiana pública y política es una decisión, ser madre bajo estos términos también lo es. Es la decisión más difícil, tonta y loca que hemos tomado. Es el reto más grande, la lucha constante, la batalla que nos enfrenta al mundo. Ser una lesbiana madre representa un enfrentamiento diario con el mundo, ir contra las normas sociales y demostrar que no sólo no nos arrepentimos, sino que sabemos lo que estamos haciendo… aunque no tengamos idea, pero hay que pensar ¿quién realmente tiene un mapa o un manual para vivir la vida?

Es difícil, sí, pero muy divertido, es una paradoja que nos confronta, que nos obliga a mirar hacia dentro, que nos abre nuevos mundos y retos por superar. Ser madre, cuando eres lesbiana, es enfrentarte con otras lesbianas que ya no creen que seas lesbiana. Es combatir estigmas, romper esquemas, romperse, irónicamente, hasta la propia madre.

­Amor es el ingrediente principal. Amor y un poquito de paciencia, como paciencia se tiene en todos los amores. Así es nuestra historia. Así es la historia en donde las dos decidimos tomarnos de la mano y caminar juntas en las buenas y en las malas, en las altas y en las bajas. Y en ese camino decidimos emprender juntas el sinuoso sendero de la maternidad, ejercer nuestros derechos reproductivos y a tener descendencia.

En nuestra unión nacieron dos varones que hoy en día tienen tres años de edad y se han convertido en el centro de nuestro universo. La lucha del día a día, la lucha y la trascendencia, la lucha en lo espiritual, la lucha en la política, en el ejercicio de los derechos, la lucha en la supervivencia, todas las luchas, son luchas que cobran fuerza y sentido en el marco de nuestra familia, la familia de los cuatro, la familia de Ana, Criseida, Diego y Santiago.

– Ana de Alejandro

Retrato de una familia lésbica

Sandra y Lola


Muchas veces al conocerme a mí y a mi familia me preguntan si no ha sido difícil. No, de hecho creo que ha sido ligerito, natural, con mucho amor. Aunque Lola, mi pareja, no conoció a mi hija sino hasta que tenía 4 años, se quieren como si se conocieran de toda la vida.
 
Para Frida, mi hija, todo es normal. En realidad, por la condición de salud que tiene no he escuchado preguntas del estilo “¿por qué tengo tantas mamás?”.

Aunque por estar acostumbrada a vivir sola conmigo le costó un poquito de trabajo tenerme que compartir en casa. Ahora hay veces que Frida prefiere estar con Lola y que ella le dé de comer. Me da gusto, a veces un poco de celos… pero celos bonitos.

No, no he escuchado la pregunta de la cantidad de mamás de boca de Frida, pero sí de su escuela. El primer día de clases nos dejaron de tarea dibujar a nuestra familia. ¡Uff! Eso en serio fue un poco difícil, más por mis miedos que por lo que realmente pasaría. 
Crayolas en mano, inicié el dibujito. Le pensé y le pensé, pues no sólo tenía que dibujar a Lola y a Frida, también a su papá, su esposa y la pequeña hermanita. Le di mil vueltas, y pensé que tendría que ser de tal manera que todos fuéramos iguales. Cerré mis ojos y visualicé nuestra peculiar familia: de un lado la familia de su papá, del otro la nuestra y Frida en medio, como el puente que une dos familias muy peculiares que terminan por ser una excepcional.

Al día siguiente llegué con cierto nervio al salón de clases. Nos tocaba a Frida y a mí exponer nuestra tarea. Las sonrisas de los niños y de las mamás de los niños me tranquilizaron. Y fue entonces que me di cuenta: en círculos llenos de amor y diversidad de todo tipo, no hay espacio para la discriminación.

Retrato de una familia lésbica

Luz Garibay


Cuando nos invitaron a participar en este proyecto, me sentí emocionada de poder mostrar a las personas que el ser lesbiana y tener una hija no nos hace diferentes a todas las familias que existen en nuestro país; somos como cualquiera que tiene una vida, ya que nos relacionamos con nuestros padres, abuelas, hermanos, tías, primos… trabajamos, estudiamos, tenemos amigas y amigos, somos personas que se encuentran en proceso de autoconocimiento y en la búsqueda de estar cada día mejor.

Ser madre y ser lesbiana me da la oportunidad de cuestionarme sobre la forma o formas de estar al interior de mi familia y socialmente, siempre congruente con lo que pienso y creo, y siempre respetando lo que mi hija cree y es, definiendo y trabajando día a día de manera consciente en el tipo de familia que quiero para mí y para mi hija de acuerdo, en todo momento, a las circunstancias y a la realidad en que vivimos.

Ser madre y ser lesbiana significa poder ser y estar en el mundo expresando mis sentimientos sin miedo, buscando que mi familia tenga los mismos derechos, la misma igualdad y reciba el mismo respeto que cualquiera.

Lo que yo como madre deseo es que Daniela crezca siendo feliz, honesta y autónoma en su vida. Creo que para poder lograrlo, mi compromiso es buscar eso en mí, mostrándome como soy y no cejando en la revisión de mis propios procesos emocionales para así, al ser feliz yo, pueda darle lo mejor de mí.

– Luz Garibay


Retrato de una familia lésbica

Chuy Mancera


Si digo que me siento muy feliz con mi familia, sonaría a comercial oficialista… pero es la verdad: esta familia es la mejor garantía que tengo para confiar en que puede haber un futuro mejor; es decir, constituye una forma de construir personas, no desde un formato vertical, sino desde el deseo mutuo de fomentar el desarrollo de cada integrante, con afectos compartidos, con apertura democrática en la toma de decisiones respecto al destino en grupo y respecto a los proyectos de vida individuales.

Me gusta mi familia… y percibo que a mis hijas también; porque para concebirla debimos erradicar prácticas negativas, como el maltrato y la violencia y, en un momento dado, decidimos creer que el respeto es el mejor de los principios para convivir. Esas cosas algunas personas las definen como formas de amor. Yo creo que también tiene algo de revolucionario… ¡y me gusta más todavía!







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